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31 ene. 2011
Leemos en el diario "El País" un artículo escrito por Ángela García Martínez que bajo el título "La 'Ley Sinde' y el negocio de Internet" hace una reflexión creemos que bastante acertada de lo que podría ser el cambio de modelo de negocio de la industria cinematográfica si no fuese por las productoras y distribuidoras. Para entender esto mejor, reproducimos íntegramente el artículo ya que no tiene desperdicio...

Hay algo que resulta extraño en el énfasis que se pone en que la llamada ley Sinde solo persigue a los que se lucran en Internet. Veamos: parece probado que hacer una copia de una película, colgarla gratuitamente en Internet y poner un montón de enlaces de publicidad es algo muy rentable (tiene un coste muy bajo y genera altos ingresos).

Entonces, ¿por qué no hacen exactamente eso quienes tienen los derechos de autor de la película? ¿Por qué la distribuidora de, por ejemplo, Alejandro Amenábar no cuelga sus películas gratis en Internet, pone un montón de enlaces de publicidad y con los suculentos ingresos que obtiene paga los derechos de autor al director? Yo, desde luego, como usuario preferiría descargarme contenido gratis de una página que se llamase amenabargratis.com que de pelisyonkis.com

Si la distribución masiva y gratuita de contenidos es "un gran negocio que mueve mucho dinero", pero en cambio las grandes productoras y distribuidoras no lo hacen, es porque teniendo un monopolio de distribución ellas ganan incluso más. Y autores y autoras se dejan engañar puerilmente. De hecho, yo aconsejaría a cualquiera de ellos lo siguiente: cuando negocien y firmen su contrato con la productora, que acepten cobrar mucho menos, pero que especifiquen que de la distribución se encargan ellos mismos. Luego, con su copia de la película en mano, que la cuelguen gratis en su página web personal y pongan un montón de publicidad y enlaces a otras webs. Ellos ganarán lo que les corresponde, la gente verá más cine y solo perderán las distribuidoras... que son quienes realmente han dejado de ser necesarias con la llegada de Internet.

Fuente: Diario "El País".

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